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Desubicación

Me siento tan pequeño, que me parece mentira verme y reconocer en mí tanto cuerpo representándome.

Es como si el mundo este de los adultos que me ha tocado vivir tuviera tantas cosas que no me gustan que me hubiera gustado no haberlo conocido.

Eso último no quiero que se confunda: me refiero a no haberlo conocido en cuanto a seguir creyendo en la bondad, la integridad, la honestidad y el altruismo de las personas.

En cuanto a tener ese tesoro de la inocencia.

Inocencia ya perdida.

Cada vez llevo peor los telediarios, la mezquindad, la falta de implicación, la mala hostia, la mala onda porque sí, la inflexibilidad, el sometimiento, el orgullo, el cada uno a lo suyo, lo cutre, ...

Tantas miserias, tantas cosas feas y lamentables que, la verdad, desilusionan.

Y sí, hay ejemplos que te permiten dar una buena bocanada de aire sin viciar, sí...

Y sí, me suelo agarrar a ellos.

Pero hay veces que caes de bruces ante la implacable realidad.

Los que me conocen saben que, siempre que hablo de extraterrestres, si surge el tema, digo que me encantaría que vinieran ya, de una vez, a la Tierra. Seguidamente, en este caso de coña, digo que sí, que vengan ya, pero que estén wennas... Aunque, finalmente, ya en serio, me declaro deseoso de que me llevaran por ahí, cientos de años, si es que eso no me impidiera volver a mi casa, para seguir viendo crecer a mis hijas, muchos años más, tras lo que para un terrícola hubiera sido unos pocos días de abducción.

Quienes me oyen, casi siempre se ríen de mí.

Poco me importa: en su mirada o en su discurso inmediatamente posterior, reconozco que me secundan.

Y sé por qué: al igual que yo, creen que OTRO MUNDO ES POSIBLE. OTRA VIDA ES POSIBLE.

Aunque, la verdad sea dicha, si están wennas, mejor...

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En fin, Las Cosas...

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