Repetiría ese día muchas veces.
Desde que amaneció hasta que caí, rendido, 1 ó 2 horas después (...) de llegar a mi habitación abuhardillada del hotel Rey Alfonso X.
Recuerdo que me levanté decidido a darme una sesión relajante de spa y a ir a confesarme.
Lo primero lo logré, en los Remedios, frente al Mercantil.
Lo segundo no, aunque quien ofició mi boda, en directo y en el altar, al llegar con mi madre, me absolvió del tirón de mis pecados, dándome unos cachetillos en la cara.
El chaqué que me regalaron mis padres me hizo presagiar lo festivo e importante del momento, a escasos momentos.
En los Salesianos.
Don Luis casándome.
Much@s de mis amig@s, casi toda mi familia, gente importante, muy importante para mí.
Y la que más, que llegó a su hora: Raquel.
Vestida de novia medio flamenca, deslumbrante.
La fiesta, en Hacienda Torre Doña María.
Los bailes, los regalos, los besos...
El viaje al hotel.
El hotel.
Recuerdo, al día siguiente, despidiéndome de mis padres, en el aeropuerto, que se me saltaron las lágrimas de emoción...
Me esperaban el Hotel CS Madeira en Funchal y el Porto Santo, en Porto Santo.
Qué alegría tener buenos recuerdos para paladearlos a discreción.
Han pasado 10 años.
Han habido luces, más que sombras.
Y mis 2 luceros: Mara (7) e Isabel (4).
No todo es precioso.
Pero sí que es prodigioso lo complejo, variopinto y rocambolesco que hace que, en cada momento, resulte que estés donde, como, con quién y para lo que estés.
Por eso, sí: prodigioso.
En fin, Las Cosas.
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