De momento, siempre cuando menos te lo esperas, y nunca te suena que fuese por las mismas fechas el año pasado, vas y te enteras de que van a cambiar la hora del reloj, de madrugada, que cuando vayan a ser las 3, van a ser las 2, o al revés…
Me acuerdo que cuando salíamos de marcha viernes y sábados, y ganábamos una hora para seguir por ahí, con los amigos, era genial, aunque, como siempre, las “consecuencias” llegaban, de algún modo: sueño, cansancio, …
La verdad es que no conozco a casi nadie que le parezca del todo bien.
A mí no me gusta eso del cambio horario, sobre todo cuando hace que a las 18:00 sea de noche. Para mí, eso es lamentable. Las seis de la tarde y de noche… Deberían de poner dispensadores de pañuelos de papel para los que quedan por las calles a esa hora, con esa poca luz… No puedo.
Me encanta la luz del sol, verla cuando llega por las mañanas, por ejemplo, desde Punta Umbría mientras paseo por la playa de La Bota, o desde el coto, paseando por Matalascañas, o desde Osuna, sentado una cabañita de esas de madera que alquilan en Algámitas…
También me gusta mucho verla cuando se va por las tardes, desde la playa de El Rompido, cuando se va despidiendo frente por frente a la arena de la Playa de Amado. O lo mejor de lo mejor, sentir su última caricia en la mejilla, cuando, lentamente, te dice adiós mientras la ves, en su ocaso, junto al faro del cabo de San Vicente. Se va, con pena… Pero diciendo “hasta mañana”…
Me ha dado mucha alegría ver hoy, cuando quería saber el tiempo que iba a hacer mañana, en una de las muchas páginas de meteorología, que el sol está comiéndole terreno a la noche, porque se veía, en cada uno de los venideros días, las horas del alba y el ocaso… Minutito a minutito, el sol ya está entrando en nuestras vidas, las va a ir inundando… ¡¡Bien!!
Para mí, en segundo plano, la cuenta atrás ya ha empezado.
Merece la pena esperar.
Bienvenido, Sol.
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