Resulta que estamos en crisis.
Resulta que, en teoría, tenemos que estar lampando por mantener nuestro puesto de trabajo, rebajando si es necesario nuestra dignidad o nuestra integridad como personas, ya que tenemos un bien tan, tan preciado, que ponerlo en peligro sería de locos.
Resulta que hay mucha gente que lo está pasando mal, que no sabe cómo llegar a fin de mes, o cómo dibujar una sonrisa cuando su hijo le ve llegar a casa, tras un nuevo día de búsqueda infructuosa de trabajo.
Resulta que todo está muy mal, que para muchos, lo que va del lunes a las 07:00 al viernes a las 21:00 es un suplicio, ya sea porque trabaja, y lo tienen exprimido, o porque no trabaja y le gustaría que lo exprimiesen...
Resulta que vivimos en un mundo lleno de contradicciones, lleno de gente capaz de mostrar ante una imagen sacra todo el dolor del mundo por la pena que le produce no poderla llevar a la calle, pero que, cuando vuelve a la inercia del día a día, se vuelve a impermeabilizar, impidiendo que de sus poros traspire cualquier atisbo de humanidad, sensibilidad, ...
En esa inercia, no cabe...
Resulta que yo creo que, así, mal vamos a acabar.
Mucha crisis, mucho paro, mucha pena, mucho suplicio, pero paséate por El Salvador (Sevilla) un sabadito, soleado, a eso de las 13:30, a ver si ves crisis.
A ver si ves a gente preocupada.
A ver si ves a gente cutre, gente apenada, gente fastidiada, necesitada de recortar gastos...
Ahí, de nuevo, tampoco cabe la traspiración de realidad. Todos somos super fantásticos, llevamos nuestros Levi's, nuestras Rayban, nuestro niño o bebita vestida a la última, nuestra pose de comodidad, nuestro "star system" de barrio, que nos permite, incluso, mostrar generosidad a raudales, invitando, si hace falta a una, dos rondas, ¡¡lo que haga falta!!
Pero no.
No es verdad.
Detrás de todo eso, detrás de tanta cosa guay, de tanto flash fascinante, de tanta felicidad y tranquilidad, hay mucha gente que no sabe cómo canalizar todo el sufrimiento que esta sociedad en la que vivimos genera, con tanta competitividad, tanta farsa, tanta tensión, tanto no parar y tantas muchas cosas chungas...
Tengo un amigo, él sabe quién es, que, en más de una ocasión, me dice... "Esto tiene que reventar", no porque él lo desee (creo), sino porque, supongo, lo cree inevitable...
Yo estoy de acuerdo...
El caso es, ¿serviría de algo? ¿O habrá un atajo de cab***es en algún "refugio antirreventamientos" para, tras el reventón, hacer que todo coja de nuevo el caminito para ir de culo, como ya cogimos hace añitos?
En fin, las cosas...
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