Hay que ver lo importantes que son los olores. Lo importante que es la música. Bueno, ahora me quiero referir a los dos, por el poder que tienen de transportarte a un sitio, a una edad, una época. Te ponen, en la mente, de pronto, una persona, un paisaje, una hora del día…
Ayer, mientras mi hijita iba con sus manguitos de Mickey Mouse, intentando nadar y moverse por la piscina, pensé en cuando, hace unos 30 años, aproximadamente, mi madre me llevaba a la piscina del colegio mayor San Juan Bosco, junto a los Salesianos de la Trinidad. El olor que hacía allí lo tengo inequívocamente grabado en mi mente. Mi madre me llevaba allí, con todo el amor del mundo, a que aprendiera a nadar, y a que el calor del verano fuese más llevadero. Se sentaba en unos bancos que había allí de azulejos, a esperar pacientemente la clase. Estoy casi seguro de que ella se acuerda. Esto es sólo un granito más de la ingente cantidad de gestos de amor y entrega que mi Mamá ha hecho y sigue haciendo por mí. Desde aquí, Mamá, te quiero.
Otro olor que tengo grabado es ese que, en Hervás (Extremadura), por las mañanas, se olía por las calles, cuando con mi padre, junto a mi hermano y, a veces, mi hermana, nos llevaba a comprar el pan, la leche, lo que fuera, para desayunar, la cena, … Gracias a él, tengo interés por conocer cosas que, aunque aparentemente insignificantes, te aportan experiencias únicas, sencillas, valiosas, gratuitas. Por ejemplo, recuerdo a mi padre, dándome unos prismáticos, en cuclillas, junto a mí, ayudándome a localizar, desde una ladera, una cabra o ternerillo que “escalaba”, escondido, la ladera de enfrente. Si no fuera por papá, simplemente seguiríamos andando, escuchando un cencerro, en la lejanía, sin plantearnos qué era. Otro granito… De nuevo y desde aquí, Papá, te quiero.
Cuando uno ve a su hija, feliz, aprendiendo a nadar, a ver un barquito en el horizonte, a sentir el tacto de la arena mojada en la playa, a dejarse invadir por las olitas, en la tarde, y recuerda que, puede, esté uno haciendo (o intentando hacer), sin darse cuenta, de canal de algo de lo mucho bueno que sus padres le dieron, se siente feliz.
Lástima que esa felicidad dure o se sienta sólo unos ratitos pequeños, y sobre todo en ese tipo de días de los que sólo hay dos en la semana.
Mi niña, con sus manguitos, con el brillo en sus ojos, feliz, me provoca todo eso… Vaya… Se para el tiempo. Menos mal que se para, dirás tú que lees, porque entre que pienso todo esto y no, la pobre, se podría ahogar… Jejeje
Gracias Papis.
Me da igual parecer rarito, pensar todas estas cosas, escribirlas. Colgarlas.
Es lo que pienso, es lo que soy en el momento en que las escribo. Como decía aquella… “Soy yo”.
¿Cómo eres tú?
En fin, Las cosas…
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