Estamos llegando a un nivel de estupidez verdaderamente enorme, lo creo de verdad.
Hay una tendencia a montarnos en la ola de lo que se lleva, de lo que se supone que tenemos que aceptar como guay, de lo que tiene que molarnos, que es verdaderamente absorbente, como un puto agujero negro del que muy pocos pueden escapar.
El paradigma de lo absurdo es el mundo Google Play y el iTunes Store, que se han erigido como el supermegachachipiruli centro comercial de las aplicaciones.
Pobrecita, la palabra "Aplicación". Con lo tranquilita que estaba en el diccionario... Y les da a los de la manzanita mordida por crear el App Store. Ya, cualquier pobre palurdo enuncia esa palabra, antes inexistente para él...
Es como los pavos; cuando yo era aún párvulo (creo que puedo decirlo ya en pasado), los pavos eran simplemente unos animales absurdos, que emitían sonidos absurdos y que tenían un moco patético que estaba en boca de todos. Hasta que llegó la paranoia baja en sal, la del omega 3, la de la poca grasa; y esos absurdos y tranquilos animales se convirtieron en el deseo de todos los que querían estilizar su línea, llegando a comer de todo hecho a base de los pobres pavos... Con lo tranquilitos que estaban, mismo, en su granjita de Ubrique, Almonte, ... Y ahora los tienen a revienta calderas, jamando, a todo pasto, grano a saco, para cumplir las estrictas necesidades de la sociedad baja en sal, baja en grasas, baja en colesterol, baja en todo...
Pues nada, ahora le toca el turno a la palabra "Aplicación"...
En cualquier esquina, en cualquier momento, montado en cualquier árbol, interrumpiendo cualquier conversación, no importa de qué importancia sea, aparece el típico gilipollas que te dice: "Mira que (tachaaaaaaan) aplicación me he bajado"... "Hace esto y lo otro"... "Es gratis"... "Es genial"... "Vivo por ella"... Parecen como la banda de música que acompaña a Dora la Exploradora en sus hazañas, joder.
Como me dice mi mujer con las alarmitas que tengo en el móvil: que cualquier día de estos me voy a tener que poner alarmas para recordarme que tengo que respirar, que darle un beso... Ojú io...
Es patético ver a gente a la mesa, en bares, restaurantes, en el comedor del trabajo, en tu casa, que, abstraídos de lo que se está hablando por encima de la mesa, ingiriendo alimentos y líquidos mientras, ensimismados, adoran al smartphone que tienen apoyado en su muslo, con el whatsapp... Por debajo de la mesa... ¡¡Parece hasta que rezan!!
Pero no, se están comunicando... Están ON...
¿ONDE carajo están?
Van a tener que sacar una p**a aplicación que combine las imágenes capturadas por las cámaras frontal y trasera para ofrecer a los esclavos dueños de los smartphones, en sus pantallitas, una imagen de lo que tienen frente a sí mismos, mientras andan por la calle, como células independientes de todo, para no chocarse con farolas, postes u otras células, o morir atropellados mientras cruzan un semáforo en rojo...
Aplicaciones...
Hay gente que es capaz de tener a su lado a lo más bello del mundo (su hij@, su pareja, ...) y prestar más atención a los tweets de Mujeres y Hombres y Viceversa.
Estamos gilipollas.
No sé cómo se ligará ahora, pero seguro que mola más un post en su muro que acercarse y susurrarle cómo te pones al verl@.
O darle al "Me Gusta" a su nueva foto de perfil que acercarse y decirle a la cara "Me Gustas".
¿Donde estamos llegando? A la superficialidad más absurda jamás conocida.
Yo, desde aquí, quiero transmitirle mis perdones a los pavos. Quiero transmitirle mis perdones a la palabra "Aplicación". Prometo decir Tableta y no Tablet, aunque, no me gusta nada lo de Tableta. Es, no sé... No. Bueno, paso: seguiré diciendo Tablet.
Pero lo de los pavos y "Aplicación": lo siento, es de vergüenza.
Bueno, me voy a postear esto, para que me leáis.
En fin, Las Cosas...
Buenísimo, como suele ser. Un abrazo, Mario.
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