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Libro de Guardias

Esta noche no se duerme en la misma tienda de siempre: formamos parte del grupo de 6 que vamos a hacer la guardia en esta garganta agreste, sin aparentes peligros, pero con tanto valor albergado en ella que hay que preservarlo.

Nos vamos a situar en un punto central, más o menos próximo a donde está el mástil, desde donde hay una buena visibilidad de los diferentes lugares en donde se encuentra disperso el grupo, a la misma vez que medianamente equidistante de cada uno de ellos.

Eso, somos 6. 3 más mayores y tres más chicos, pero casi nadie puede escaparse a que le toque a lo largo de los 15 días de acampada.

Cuando muera el Sol, cuando ya todo sea paz, cuando ya hayamos arriado la bandera, y si es que esta noche no hay fuego de campamento, fiesta de disfraces ni de nungún tipo, nos repartiremos las horas de oscuridad entre los 3 grupos de 2 que formaremos, siempre por un menor y un mayor.

Haremos la ronda: en el más absoluto de los silencios. Quizá si nos toca en la negrura del tramo de 03:00 a 05:00, sólo sea roto por el croar de un sapo, el ronquido de algún compañero de grupo y siempre, siempre, por el correr del agua, afluyendo al río Jerte.

Tenemos suerte y la Luna nos está regalando la posibilidad de que no usemos nuestras linternas, mimetizándonos con el medio, dilatándo nuestras pupilas, transformándonos en una suerte de búhos que quisieran volar...

El espectáculo celestial de la Vía Láctea, sobre nuestras cabezas, nos impide articular palabra: es mágico lo que estamos viviendo.

Lo vivimos... Intensamente; pero lo haríamos con mucha mayor intensidad si supiésemos que, sin remisión, nos estamos despidiendo de nuestro último campamento de verano con nuestro maravilloso grupo de amigos y hermanos Scouts.

Pero vamos a poder compartirlo, al menos, con ellos, mañana por la mañana, al izar la bandera, tras las palabras de Charo... ¿O Pepelu? Entrañan lo mismo... El Espíritu es nítidamente, en esencia, igual.

El Libro de Guardias: esa joya que, como el Arca Perdida, a veces recuerdo con nostalgia y deseos de tener entre mis manos.

La Magia estaba allí. Se sentía.

Sólo había que pararse a sentirla.

En fin, Las Cosas...

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