Vistas de página en total

Cascarón de huevo

Hola, ¿qué tal?
Una persona que conozco usa a veces una expresión cuyo significado y sentido son muy acertados, a mi modo de ver.
Se usa cuando uno quisiera cantarle las verdades del barquero a alguna persona, quizá ni del círculo íntimo o personal de uno, sino, por ejemplo, el laboral, y, por el motivo que fuese, no tuviese capacidad, valor, rango o incluso (por qué no) poca vergüenza para hacerlo.
Y usa, por tanto, esa expresión: “La verdad, es para tener una boca prestada…”.
Esta expresión, pronunciada por alguien que, previamente, te ha hecho saber los motivos por los cuales está hasta los cojones del otro o la otra, cobra un sentido maravillosamente gráfico en el que se pueden ver, por ejemplo, a un policía malaje con una tarta de merengue gigante estrellada en todo su careto, a un político trajeado con todo el peso del gargajo de un gigante resbalando por sus mejillas o a un portero de una discoteca ON pidiéndole clemencia al despechado joven aprendiz de asesino con pantalones  no levis que ha osado intentar a entrar y se lo rechazaron.
Y es que está muy bien eso de ser tolerante, de ser progresista, de ser respetuosos con los demás, de tener aguante y capacidad de sacrificio con lo que no nos gusta.
Está genial, de veras.
Como genial está liberarse de la represión que todo eso alimenta si no hay canalización alguna para liberar todo aquello que, verdaderamente, es intolerable, caduco, irrespetable, ni merece la pena de aguantar ni sacrificarse por ello.
En este momento me acuerdo de uno de mis programas favoritos: Gran Hermano.
[Gracias por tus pensamientos tendenciosos y prejuiciosos al leer que ese programa es uno de mis favoritos. Piensa, al fin, que uno no es ni como ni igual, ni cría lo que ve; y no es que piense que lo sean, pero puedo ver Gran Hermano sin ser chabacano (necesariamente), Documentos TV sin ser curioso ni interesante, Del 40 al 1 sin ser joven, dicharachero ni musiquito, o Gandía Shore sin ser un/a perr@ suci@ blasfemante]
Pues bien, siguiendo por donde iba (En este momento me acuerdo de uno de mis programas favoritos: Gran Hermano.), me parece genial la idea esa de El Confesionario (o El Confe, para aquellos followers, que sé que hay a manta…).
Voy a hacer como que no lo conocéis y explicaré qué es: El Confe es una salita con puerta siempre cerrada y abrible sólo en el caso de que no haya nadie dentro y de que una entidad superior, llamada Súper y en forma de voz en off, o uno mismo, previa petición de permiso, pidan acceder a la misma. En ella, sofá cojines, vidrieras, kleenex, altavoz y cámara crane&nocturna le esperan a un@ para (utilización de El Confe, que quiero poner en valor, aquí y ahora) despacharse libremente respecto a cualquier cosa que considere oportuna, sabedor de que, tarde o temprano, no sólo va a visionarlo el personaje/cosa/actitud/costumbre “diana” u objetivo de dicha confesión, sino toda España (bueno, con la mierda esta de las redes, todo el puto universo), ya sea afín o no a lo confesado o al confeso, generando mil y una reacciones.
Para mí, este acto televisivo y masivo, orientado a rascar décimas al share del prime time, es un verdadero acto de higiene mental que me parece que sería maravilloso que todos, todos, todos, pudiésemos practicar de vez en cuando, con el fin de que, alguna vez, ese objetivo, al contrario de usar las palabras y declaraciones vertidas en El Confe en sentido negativo, las usara para reflexionar y pensar, en soledad (mejor), todo aquello confesado, para convertirse, en definitiva, en mejor persona.
Por supuesto, el confeso debería sentirse capaz de decir eso sin temor a sufrir represalias, como Edward Snowden, ese que está diciendo barbaridades (creíbles) de los USA, desde esa zona de tránsito de un aeropuerto ruso…
Digamos que El Confe le haría a uno adquirir la cualidad de Cascarón de huevo…
Desarrollaría más esta idea, pero mi hija de 1 mes estaba revoltosilla en el capazo y a la de 42 más la quiero llevar dentro de un rato a la playa (5 minutos, andando) a estrenar su cometa del Lidl con forma de gaviota, que le he prometido volar hoy… Y faltamos otros 6 adultos y 1 niña más, todos por desayunar…
Total, nada.
Por cierto, ¿qué diría mi niña mayor si la metiera en el confesionario
Mieomedá… ;)
En fin, Las Cosas…

No hay comentarios:

Publicar un comentario