La película que ví ayer me impactó y removió en mí muchas, muchas cosas que había vivido, pensado, conversado o compartido con muchas personas, a lo largo de mi ya no tan corta vida.
Se llamaba "Historia de una monja", protagonizada por Audrey.
Aparte de la belleza extrema que, para mí, atesora esta gran actriz, hubieron escenas y actitudes que se mostraban en la película que me han conmovido:
- El momento de la despedida de sus familias de las aspirantes a monja y la mezcla de admiración y pavor, al observar a las novicias, cual alfombras de esas de piel de oso, tiradas al suelo frente al altar, desde las rejas que les separan del convento,
- El poder administrado por las jerarquías eclesiásticas y la asunción por parte del resto del mismo, sin cuestionamiento alguno, en lo que podría ser un cóctel de miedo y fervor,
- La sala de baño de los enfermos mentales en donde, para calmar a los más peligrosos, se les introducía en unas bañeras exentas, llenas de agua y con una tapadera enorme, de tableros de madera, mientras estos se revolvían para mitigar el quemar del agua y de su no poder más,
- ...
Todo esto y la forma de exponerlo me retrotrajo a mi época de estudiante en los Salesianos de la Trinidad.
He estado en ese colegio desde 1º de EGB hasta COU, ambos incluídos.
Debo mucho a ese Colegio y quiero romper una lanza hoy por él.
Muchos de mis amigos son de allí o los he conocido por un nexo relacionado con el cole. Sin ir más lejos, conocí a mi hoy mujer gracias al acercamiento que mi amigo Alberto (procedente de La Salle) incitó entre el grupo de chicas que los de letras conocían y mi grupo de amigos (que estábamos más entretenidos con las Trinitarias u otras...).
He tenido grandes profesores allí, entre los que destacaría sin duda a Don José Luis Muñoz Urbano, quien allá por 1994 llevaba pocos años dando clases y me dió grandes lecciones académicas, de amistad, de diversión, de compañerismo y de respeto (también hacia la Naturaleza). Nunca le olvidaré y aún hoy sigo añorando aquella relación que forjó un eje de relaciones personales tan cachonda como sincera, tan sincera como marchosa, tan tranquila como aventurera... ¡¡Trillones de GRACIAS, José Luis!! Tampoco puedo olvidar a Don Luis Cornello, que incluso me ha casado (como a varios de mis amigos) en la hoy rotunda Basílica.
He visto muchas tías características, algunas buenas, aunque demasiadas menos de las que quisiera: la Homo, la Doritos, la novia del Makanaki, la Zorri, la Torpedo, ... Y esa especie de Venus del espejo andante o digna modelo de Julio Romero de Torres, morena y vertiginosa, que pulsaba el Pause ( | | ) de la vida al salir al patio... Y muchas otras, cómo no, que tenían esa cualidad de fruto prohibido por estar bajo el yugo trinitario de Madre Pilar, portando esas falditas de tablitas a cuadritos por encimita de las rodillitas que nos ponían malitos itos.
He visto ejemplos incuestionables de entrega absoluta a causas misioneras, apoyo a drogadictos, a niños de familias desestructuradas y/o con pocos recursos, a pobres, a las monjas de la cruz, ...
He visto misas con cánticos acompañados de guitarras eléctricas y baterías, con gente asistiendo sinceramente y con ganas, celebradas por curas íntegros, en un gimnasio o junto a un río o en la playa de Campano, junto a una piscina o en el bosque, sin abusar de ningún menor ni mirarle con deseo.
He sido scout en un local cedido por los Saesianos, permitiéndome disfrutar de los años más bonitos demi vida.
He quedado en el Chuche 92 decenas y decenas de veces, como calentamiento a una larga noche de discotequeo o chiringutos por el río (léase Ébano, Cuorum, Simpecao, Nivel 1, Mumbarak, Rrio, Fábrica de Colores, EM, Whiskymanía, Cuesta del Rosario, Cuesta del Rosario, Cuesta del Rosario, Cuesta del Rosario, ...).
Mis tíos han sido Salesianos.
He ido a ver el Cole original de San Juan Bosco, en Turín.
Y suma y sigue...
ESTOY ORGULLOSO DE HABER SIDO ALUMNO SALESIANO.
Por eso, me revienta que tanta chusma modernita, tanto pijo gilipollas, tanto guay Apple-creyente, tanto estúpido-criticón-sin-motivos, arremete con cualquier expresión religiosa, independientemente de su índole, a modo de presentador de la Sexta (ojo, yo también me descojono con Wyoming), pero en serio, y la revienta y se mofa de tanto sentimiento libre, culta y adultamente profesado.
No me gusta tanta peña que, Ipad en una mano, levantándose del velador del Piola, mientras su hijo se rompe la crisma en una atracción infantil, olvidado de su navegante padre, se ríe y da lecciones de respeto y asertividad, de progresismo y libertad, porro en otra mano, camisetucha con el símbolo de la paz, reventada pero de GURU, ante cualquier atisbo de diferencia a su única neurona.
También he visto cosas feas en los Salesianos, sí.
Pero hasta la protagonista de la peli de la que hablaba al principio se tiraba peos (...).
Y seguía siendo bella, sin ensombrecimiento alguno.
No diré esas cosas feas hoy; son irrelevantes y daría carnaza a los jipis de los 5 a 12 renglones anteriores.
Sigamos, invictos, al son de este canto.
En fin, Las Cosas...
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