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El mundo no se corta

Me lo dice a cada paso. Basta con vivir, con hacer mi día a día, y poco tarda el primer ser que está dispuesto a hacer alguna mofa de mi estado físico. Parece increíble cuán vacías deben estar las vidas de dichos seres para saltarse todos los putos semáforos y esfínteres mentales que creo pueden ver o tienen. Pero no, ahí están, normalmente rodeados de riegracias, seres del mismo genotipo, que, cual antítesis de piara de plañideras, aguardan la mofa fácil del líder, asintiendo a la genialidad escupida como las llamas. No necesitan más que unos kilos de más, un look paso de todo pero con respeto, un peinado que no provenga del postal code 41011… Y ahí están, desde la atalaya que provee hacer paddle, estar afeitado al cero en el pechito, saber quién es el ganador de La Vuelta, … para hacer patente su marca. Me siento bien y mal cuando me río, como cómplice, de semejantes mierdas. En cada uno de mis hombros se posa un jipi con alas; el uno, weno; el otro, no weno; gana el weno, pero no porque yo sea gilipollas y no sea capaz de contestar, sino porque no me compensa: prefiero gastar la energía aquí... Me quedo dormido, sa’s? En fin, Las Cosas…

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