Últimamente, en comentarios de conocidos, en anécdotas que me cuentan algunos amigos, incluso en cierta charla a la que he asistido, recientemente, he podido compartir opiniones y posicionamientos sobre las actitudes acosadoras, fiscalizadoras, enfermas y absolutamente patéticas y lamentables que muchas personas ejercen a través o haciendo uso de los medios de comunicación e intercambio social que, hoy día, están tan extendidos.
Muchos ejemplos ilustran esto que estoy diciendo y que, seguro, al describirlos, a continuación, podrá verse alguno reflejado, en el sujeto o mejor (espero) en el objeto (entendiendo yo sujeto como el que actúa y objeto el que sufre ese comportamiento).
Paso a los ejemplos...
* Facebook: como difieras de lo normalizadamente educadito, ya le buscan tres pies al gato, riéndose de tu afición, de tu gusto, de tu falta de respeto hacia los cánones de sus tristes vidas, llegando, incluso, a acusarte de que estés colgado o haces desfachateces; todo ello desde el silencio, contradictorio, en el mismo Facebook (y, con esto, me refiero a aquellos que sólo relatan de lo que ven de lo que haces en Facebook, pero lo hacen fuera de Facebook, es decir, comiéndole el coco a tu novio, a tu padre, a tu colega; eso sí, en Facebook, no); todos estos personajes son extremadamente anodinos en Facebook, son NADA, meros cotillas, espías, malversadores, liantes y lectores pasivos y, para entendernos, una especie de vieja’l visillo a la moderna,
* Whatsapp: revisan metódica y sistemáticamente los historiales propios y ajenos de conversaciones, escudriñando el timeline de la víctima, poniendo en tela de juicio si cuando leyó, desde "el otro lado", "En línea", efectivamente estabas o no disponible, obviando las necesidades fisiológicas que las personas terrestres tenemos, como son el propio cagar y mear, el propio jamar en paz e, incluso y mismamente, la poca gana / asco a la recepción de ese mensaje de ese coñazo de persona que no entiende que se necesita tiempo de lectura, de digestión, de reacción, sin que la ausencia de respuesta indique infidelidad como amigo, pareja o lo que le toques,
* Móvil: ídem del punto anterior, pero en vez de texto, audio,
* Mail: hay gente que te manda un mail y cree que la obligatoriedad de lectura y toma en cuenta de semejante mensaje es infinitamente superior a la del mismísimo Boletín Oficial del Estado. Viven en un mundo de papel y tinta que les da alas el encender su Inves de los 90 y, desde el Netscape, abrir su escritorio de Wanadoo y mandarte un e-mail desde Terra y
* Paro.
Mención especial de lo ñoño y **li****** es ese universo de peña que comparte fotos de niños mutilados, cancerosos, famélicos, deficientes, sangrientos, ... Y, ni cortos ni perezosos, añaden la perla (mismo), "Like si crees que este niño es un crack"... PATÉTICO. Máxime cuando lo hacen desde su sofá del Ikea, tras una copiosa e insana cena del Pizza Hut, viendo el Sálvame, con ropa interior CK y, para mayor de los males, se sienten solidarios con el otro hemisferio, con los "pobrecillos esos a quien ayuda"...
Pensando en todo esto (del cuidadito que hay que tener con cierta peña con según qué digas y dónde...), desde hace un tiempo para acá, me ronda la cabeza lo fantástico que sería que existiese una aplicación, una red social o unas, vamos a decir, cabinas (se llamarían "cabinas de la verdad"), en las que uno pudiese ir a leer lo que hubiesen dejado en ellas las personas que, sobre nosotros, quisiesen decir algo; por supuesto, el sistema tendrían unos "filtros" condicionantes que impedirían al lector reconocer en lo leído a los opinadores...
Tu estás en tu keli, con tus cosas, las buenas y malas, y dices "voy a ver mi cabina", y te enteras de cosas bonitas, feas, tristes y alegres, de todos los colores, que "gente" ha querido que supieses.
No sabrás ni quiénes fueron ni podrás usar en su contra tu intuición.
Sólo podrá ser usada esa información para, en franca y buena lid, reflexionar en soledad, sin involucrar a nadie, y con la máxima voluntad de tomarse lo leído en tu cabina para crecer como persona en el caso de las críticas y sentirse orgulloso de sí mismo en el caso de los elogios.
Pero en soledad.
El comportamiento de los usuarios sería algo así como el que, imagino yo, tendrían los usuarios de esa sala de letrero hipercurvo que habían en la calle Amor de Dios.
O, nunca mejor dicho, dado el hecho de ser cabinas, sería como una especie Peep Show de tu verdad.
Esto nos haría a todos más libres.
Digo yo.
En fin, Las Cosas...
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