Ha habido un hecho este sábado noche que me hace, de nuevo, reflexionar acerca de un asunto que, me da en la nariz, ya he comentado en este sitio que es mi blog.
Me refiero a lo que yo le llamo la frecuencia que no es capaz de detectar las “antenas receptoras” de ciertas personas.
En principio, como seres humanos que somos, se nos supone cierta capacidad de tener sentimientos y empatía, algo que, no sé hasta qué punto, nos diferencia de los animales y de las cosas, y que nos permite establecer ente nosotros lazos que, si todo marcha como debe, nos acercan y permiten formar una unidad entre los sujetos, aunque no nos conozcamos, que nos da fuerza, robustez, dinamismo, alegría, aguante y energía para encarar de mejor manera y con una actitud positiva los diferentes aspectos de nuestras vidas.
Pues bien, esos sentimientos, que a veces no van dirigidos expresamente desde unos hasta otros (con nombres y apellidos), sino que van por ahí, por el aire, sueltos, son susceptibles de ser captados por nuestras “antenas”.
Pero, lamentablemente, hay “antenas” (personas), que no son capaces de captar dichos sentimientos, dichas ondas; digamos que el canal ese es incapaz de ser captado por ellos.
Es una pena lo que se pierden, lo que nos perdemos al no tenerles, pero también es triste la mezquindad que a veces puede vestir las actitudes de estas personas con las “antenas” estropeadas (o con canales apagados, a cosa hecha).
El hecho ha sido el percance que ha sufrido Pastora Soler en el transcurso de su concierto celebrado el pasado 08/03/2014, en el auditorio Fibes, en Sevilla.
Esta pedazo de artista, a quien admiro mucho, por su capacidad de entrega, vocal y artística, demuestra, en cada uno de sus conciertos, su capacidad de involucrarse en lo que canta, sintiéndolo, dejándonos a muchos de los que asistimos a sus conciertos, tocados en el corazón (en el mejor sentido), pues sabe, con su repertorio, su interpretación y su forma de trabajar, pulsar esas teclitas que, si tenemos el canal ese abierto, suenan a amor y desamor, a penas y alegrías, a discoteca, a playas del sur, a flores de romero, … Y conectamos, al verla y oírla, con nosotros mismos…
Es un privilegio haber asistido ya a varios conciertos de ella (Jerez, Huelva, Sevilla), pero, en especial, al de este sábado pasado, en su tierra, que, aunque, acabo un poco mal (ya sabemos que no pasó nada), nos permitió disfrutar con tanto sentimiento transmitido.
Tras el susto, muchas reacciones de todo tipo se han producido, pero todas han dejado aflorar lo que yo quería decir desde el principio de este post: es maravilloso y alentador el comprobar la de gente que se ha volcado con esta mujer, poniéndose en su pellejo, teniendo la empatía necesaria para comprender lo que pasó. Lo que puede pasarle a cualquiera.
Mi lectura de todo esto, al fin y al cabo, es valorar a las personas que son capaces de mantener su “antena” en funcionamiento: me ha encantado la realidad que transmite esta ARTISTA Y PERSONA al comunicar vía Twitter tanta realidad, desde la sencillez y la humildad, una vez más, haciéndose más cercana…
No será esta la primera vez ni la última que dedique algunas de mis palabrillas a esta mujer que ya lleva dando mucho que hablar mucho tiempo y que toda vía tiene por delante mucha tela que cortar.
El sustazo que nos dimos mi mujer y yo y todo el auditorio, y que ha quedado en nada, hasta ha movido a gente cercana que sabe de mi admiración por ella y que siempre ponen en duda la justificación de esa admiración, a veces con comentarios prejuiciosos que ignoro por completo.
Para gustos los colores.
A mí, plin… Digan lo que digan ;)
En fin Las Cosas…

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