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Biorritmos

Me acuerdo, cuando era un niño (de edad), del ordenador que nos compraron mis padres: Commodore 64.

Algún desembolso de mi difunta abuela Emilia, sumado a una significativa aportación procedente del generoso sueldo que la casa Kodak inyectaba en la cuenta de mis padres, contribuyeron a que ese maravilloso artefacto futurista llegara a nuestro hogar a hacer las maravillas de los niños de 7 y 5 años que (más o menos) éramos mi hermano Chemy y yo (mi hermana lo vivió siempre desde la lejanía que le aportaban su "fanatismo" por Madonna, Hombres G, Spandau Ballet, ...).

Había varios juegos que nos tenían enganchados: el Fonámbulo, el Terra Cresta, el Uridium, el Cauldron, ...

Teníamos, incluso, manuales de programación, algunos de ellos tochos, pero que releimos y practicamos por completo, concluyendo programitas que, hoy día, avergonzarían a cualquier niñ@ de 10 años.

Pero había uno de los juegos que no encajaba mucho en la  supercolección: Los Biorritmos.

Era una especie de máquina de adivinación que, tras introducir tú tu fecha de nacimiento, tu nombre y no sé qué irrelevante dato más, sacaba una gráfica de 2 ó 3 parámetros (no sé si eran salud, dinero y amor; o trabajo, sexo y alegría; o un popurrí) expresado en una linea temporal de años (sucesivos al de tu nacimiento) sobre los cuáles los anteriores parámetros se movían de arriba a abajo cual y = sen (x).

Así, veías si en torno a los 40, ibas a tener más pasta que el Tío Gilito + currar menos que el sastre de tarzán + estar más enfermo que ojú + mismo, follar menos que Don Pimpón... O al revés... Yo qué sé... En fin, ver cuando se producirían los hitos más representativos de tu vida, es decir, acumulación de picos y de valles, en el devenir de los años...

¡¡Incluso el fin de tus días!! Las curvas se paraban en cierta edad y todo.

Vamos, que ni Esperanza Gracia.

Pues en esto iba yo pensando, el otro día, bajando la cuesta que lleva hasta la playa, desde el piso que tienen mis suegros por Huelva.

La acumulación de males (no graves, pero múltiples y alternados) de mis peques, en el tiempo, nos traía locos a mi mujer y a mí, desde ya hacía casi 2 meses.

O al menos a mí, ojo.

Una "clarita" hacía 3 días nos animó a que se trajese mi mujer a las dos peques a la playa, mientras yo seguía trabajando hasta el viernes, en Sevilla.

La "clarita" se nubló nada más poner mi mujer el pié en el piso de sus padres: mi hija mayor tenía fiebre... ¡¡¡¡¡!!!!!

A lo que se sumó la chica, medio chunga.

Todo ello, unido a lo pasado, más la reclusión y la abstención a la que mi hija debía someterse al sol playero, baños, esfuerzos, .. hizo que yo llevase solo a mi sobrina a la playa, 1 triste hora, a bañarse y a hacer castillitos en el mar de arena.

La pobre no tenía porqué chuparse la convalecencia de mis peques.

Me bañé y jugué con ella en el agua, entre conversaciones a veces peregrinas, a veces agudísimas, y vi la alegría en sus ojos al chapotear entre las olas, a quienes, le dije, que llamaríamos, aquellos dos baños, "triquimoquis" (ella se descojonaba - tiene 4 años... -).

Entre ambos baños, me permitió descansar unos minutos mirando al mar y sentado en mi butaca del Plásticosur, mientras la veía/vigilaba, recortando con su silueta, la línea horizontal del Atlántico, y ella construía efímeras fortalezas.

Pues lo dicho... "en esto iba yo pensando..." y esa visión y la brisita del mar, con el run-run de las olas, de lejos, me hizo "evadirme" 5 ó 10 minutitos, en los que me lamenté, para mis adentros, de no poder compartir ese momento con mis niñas y mi mujer, sintiéndome, temporalmente, algo desgraciado, como si me hubiese mirado un tuerto...

Y, enfrascado en ese pensamiento de que mis putos biorritmos estarían sumidos en una puta acumulación de valles sinusoidales, vino Dios (¿o el destino? ¿o el azar?) y puso delante de mí lo que me tenía que poner para "ampliar mi visión" : una familia de 5 miembros (padre, madre, 2 hijos y 1 hija) desembarcaron entre mi constructora sobrina y yo, obligándome, sin querer, a ver todas las operaciones del desembarco: sombrillas, toallas, neveras, macutos, jajás, jijís, jojós... Y UNO DE SUS PEQUEÑOS, PARAPLÉJICO, LLEGANDO HIPERILUSIONADO A PASAR EL DÍA CON SUS HERMANOS Y PAPIS, FELIZ, CARGADO DE ENERGÍAS, POSITIVO, SIN ACHANTAMIENTOS POR SUS CICATRICES ENORMES NI SUS TOSCOS MOVIMIENTOS DE ARRASTRAMIENTO PARA DESPLAZARSE JUNTO A SUS HERMANITOS, A HACER AGUJEROS EN LA ARENA... UNOS 8 AÑOS MÁS POSITIVOS QUE OJÚ...

Y me dije... ¿en qué valle ni valle piensas, capullo? ¡Deberías sentirte en la puta cresta de la ola!

¡Ay, Dios mío!

Cuanta razón tenía Einstein...

En fin, Las Cosas...

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