Llevo varios días con la mosca detrás de la oreja y, aunque mi cabeza es un continuo hervidero de ideas y pensamientos de los que me gustaría poderme despojar a veces, lejos de perderme en ese mogollón de temas de los que siempre busco tiempo para escribir, tengo clara determinación para escribir hoy sobre uno sólo de ellos.
Y este tema es triste.
La semana pasada se fue de este mundo una persona que en mi vida significó mucho, sobre todo cuando yo fui niño.
Marido de mi madrina, siempre estuvo presente en los momentos importante en de mi vida: nacimiento, comunión, boda, bautizo... Siempre estaba cuando momentos difíciles de la familia llegaban (enfermedades, muertes, ...) y fue un gran cómplice de todo lo que pudiese rodear a un rato de risas, cachondeo, chistes, ..., y todo el buen rollo que se pueda uno imaginar.
Lo he visto descojonándose con mi padre, en un mano a mano de chistes improvisado en cualquier lugar, enseñándonos a todos que siempre es importante reírse de todo lo que uno pueda.
En Mallorca, en Jerez, en Sevilla, en Zahara, siempre era perfecto para echar un buen rato.
Me ha cogido de sorpresa perderle.
Mi postura, quizá cómoda, desde Sevilla, es la que he escrito arriba, dibujando muy por encima y con el poco arte que tengo la semblanza de este auténtico personaje que era él.
Pero necesitaba hacerlo.
Me quedo triste de haber hablado con él por última vez hace demasiado tiempo, en el fin de 2012. Me trató como siempre, con mucho cariño, se percibía.
Por lo visto necesitaba descansar, lo que llevaba ya no era una vida, era un sin vivir.
Maca, fuiste un crack y lo serás siempre.
Te llevaré siempre en mi recuerdo, que se reforzará en Portugal.
Hasta siempre, tío Juan Antonio.
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