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Hace ya 3 años que fui a un  par de eventos por lo que me han caido innumerables comentarios de toda clase.

Uno de ellos fue la alerta ovni, organizada por Milenio 3: una y mil veces repetiría la experiencia, en que hice amigos de una noche, vi estrellas en un cielo maravilloso y la soledad que llevé, desde Sevilla a Alájar, me ayudó a potenciar las sensaciones. Ojalá los hubiera visto y me hubieran llevado con ellos una temporada. Y, como siempre digo, ojalá que sus tripulantes, en tal caso de llevarme, estuvieran rabiosamente buenas y deseosas de abducirme. Pero no, no vino ningún Ovni. Da igual, me quedo con el chiringuito que me monté, con mi butaca de playa, mi notebook con el Stellarium abierto todo el rato y los mojitos que me tomé con los tres jipis que conocí y con quienes compartí charleta. Vendrían desde El Calabacino. Qué ángel tenían.

El otro fue ir a una parada de la Hermandad de El Rocío de la Macarena. Creo que de esto he hablado ya aquí y no lo quiero comprobar. No tengo, casi, palabras. Cerca de El Caoso, ví estampas inolvidables, ojos empañados en incipientes lágrimas. Pero nunca olvidaré la imagen del simpecado, ya sin bueyes, de noche, antes de presidir la misa de romeros, bajo la luz de una luna llena. Ni el "¡Al final has venido!" de la rotunda novia del también rotundo ¿capataz? de carretas, al comprobar que yo, el que le preguntó por ese momento, en la calle Parras, estaba allí. Mágico todo.

Paso de la gente.

Que me quiten lo bailao.

Cada vez que oigo/veo comentarios/muecas que me dejan intuir esos pensamientos de "vaya el rarito", una pantalla mental me permite escucharles como bajo el agua, de lejos/verles borrosos.

Paso de ell@s y reivindico esos momentos.

Momentos que seguiré buscando.

Me reivindico a mí.

Y me seguiré buscando.

En fin, Las Cosas...

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