Estás en un espigón, largo. Muy largo, más largo que eso que se dice
del día sin pan.
del día sin pan.
Un espigón muy largo.
Empiezas a andar por él, con olas a los dos lados, salpicando a veces
el camino que estás por recorrer. Mojándolo.
el camino que estás por recorrer. Mojándolo.
Quieres llegar al final del espigón, a ver el final de él; a ver desde
allí el mar, a ver qué trae, cómo está de tranquilo, de revuelto, de
transparente, de turbio.
allí el mar, a ver qué trae, cómo está de tranquilo, de revuelto, de
transparente, de turbio.
Llegas, solo.
Tú solo.
Miras el mar y te confundes porque lo que ves son tres o cuatro
grandes olas: una muy, muy buena, otra muy buena, otra mala, y otra
muy, muy mala.
grandes olas: una muy, muy buena, otra muy buena, otra mala, y otra
muy, muy mala.
Pero las cuatro van a parar a la mismísima punta del espigón, allí
donde tú estás, esperando a ver qué pasa, después de haber recorrido
todo el camino.
donde tú estás, esperando a ver qué pasa, después de haber recorrido
todo el camino.
Allí solo, tras crecer… Rompen.
Te rompen de alegría, de vértigo, de miedo, de ilusión, de nostalgia,
de pasión, de ansiedad, de cariño, de tristeza, de ser en definitiva…
de pasión, de ansiedad, de cariño, de tristeza, de ser en definitiva…
De vivir…
Resultado: lágrimas agridulces, sentimientos licuados, dignos de psicoanálisis…
Hoy me he visto en la punta de un espigón.
Y he resistido, por ahora.
Voy a resistir, por siempre.
Me gustan los espigones, me gusta la vida, me gustan las olas…
En fin, Las Cosas…
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