Vistas de página en total

La gogó

Muchas son las veces que he escuchado en la radio, visto en la tele y, menos, en persona, a alguien diciendo que no se arrepiente de nada ni cambiaría nada de lo que había hecho en su vida.

La verdad, cuando me planto ante esa afirmación, me entran unos sentimientos encontrados hacia ella y la persona que la emite... ¿Es perfect@? ¿Es soberbi@? ¿Es gilipollas?

Precisamente creo que la vida es un camino largo, como una autovía de esas que faltan entre Bollullos y Matalascañas, con infinitas salidas, no menos entradas, muchos cambios de sentido... En esa autovía está permitido ir a una velocidad máxima, pero no se puede ir a menos de otra, la mínima. A pesar de esa velocidad máxima permitida, hay tramos de recomendación de velocidad. Hay áreas de descanso, hay áreas de servicio. Hay zonas de frenadas de emergencia, por si te quedas sin frenos. Hay gente que vá en la misma autovía que tú, pero muchos en tu mismo sentido, muchos en el contrario, todos y cada uno con su medio de transporte, a la velocidad que pueden o quieren. Hay peajes, ... A kilómetros alrededor hay otras autovías también. En fin, eso.

No soporto ese acto estúpido de creerse tan supergenial y perfecto de pensar "no me arrepiento de nada", "no cambiaría nada"... Menuda cagada, dicha por alguien que se autoubica en una atalaya de control absoluto...¡¡Anda ya!!

Me miro a mí mismo y tengo ejemplos muy, muy tontos, pero como esos, a patadas...

Recuerdo, yo con 15, 16 ò 17 años, Raúl, que se había echado una novia de Matalascañas, tremenda, con una hermana también tremenda, y con un grupo de amigas también tremendo, nos abría un horizonte nuevo al grupito de hormonados amigos, con esa "savia" nueva, de tias buenas, con acceso casi ilimitado a todo tipo de garitos, discotecas, ...

LLegamos a conocer a una de sus amigas, un pedazo de tía que era gogó en una discoteca de Sevilla, no se cuál, pero de las punteritas. La chavalita se encaprichó conmigo, quería tener algo conmigo... Yo no sabía ni qué narices tenía ella entre sus intenciones (aunque todas me las imaginaba con 2 rombos más grandes que la propia "pantalla"), pero el caso es que, hablando en plata, se me puso perfectamente a tiro. El culmen de la tensión sexual que ese bombón explosivo tenía y estaba provocando llegó una noche, cuando la susodicha se presentó con un mono de tela vaquera (o al menos algo rígida), negro zaíno, petado... bueno, apretadísimo, marcando toooooooodas sus curvas, que es que la mirabas nada más y te hacían los ojos chiribitas...

Pelo negro, piel morena, pidiendo guerra con cada micromovimiento... Y yo malo...

Pero el tontito del Mario de entonces era el colega de las tías, y por timidez, respeto (¡¡!!), por idiota, no le entraba a nadie. Me refugiaba en mis interminables charlas con tías (claro, me gustaba más hablar con ellas, por la compañía femenina y por los temas de conversación de ellas, que eran más entretenidos - no fútbol, no chistes gilipollas, ... -), pero al final no me "comía" nada.

Efectivamente: no me comí nada con la gogó vertiginosa...

ME - A - RRE - PIEN - TO

CAM -BIA - RÍ - A - E -

DA - RÍ - A - MAR - CHA - A - TRÁS - Y - O - TRO - GA - LLO - CAN - TA - RÍ - A

Aunque lo que tengo ahora no lo cambiaría por nada, cierto es que ese episodio, si lo reescribiera... UFFFFFF... Me hubiese convertido en experto en gogós. Dios mío, vaya tía...

Por eso... Si para esa nimia anécdota, miro atrás y me arrepiento, lo cambiaría, no actuaría así... ¿De cuántas cosas diría lo mismo en mi vida? De muchas, muchas.

Por eso, está bien eso de ser seguro, está bien eso de ser firme, estable... Pero no me fastidies, que la capacidad de cambiar cosas, trayectorias, es un don, una suerte poder ejercer...

Ayyy, la gogó...

En fin, Las Cosas...

No hay comentarios:

Publicar un comentario