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Dos mayorías de edad

Cada vez se me hace más difícil escribir en este rinconcito que me he buscado pero, a la vez, me es cada vez más necesario: la ocupación del tiempo en el trabajo, la familia, las tareas que me tocan hacer, ..., hacen que los momentos dedicados a esto, por ejemplo, que para mí produce cierto regocijo, cierto placer por así decirlo, sean cada vez más y más escasos.

Me resisto a prescindir de soltar aquí mis ideas, lo que pienso: es como las cincuentonas esas que se resisten a ser cincuentonas y que, como si de una veinteañera se tratase, se ponen faldas petadas, enfundan sus smartphones en carcasas imposibles y gastan una jerga tal que les permite salir con sus (verdaderamente buenas) hijitas de 20 añitos, a comerse la noche...

Me resisto: no sé cuánto de inmaduro tendrá o cuánto de idealista, pero, como dice Alaska, yo soy así y así seguiré (por ahora).

Por eso, hoy, 36 años después de haber nacido, me siento de nuevo, una vez más, delante de mi Acer Aspire One y, en plan bulímico, me meto los dedos hasta el fondo de la garganta para ver qué demonios me da hoy por soltar.

La verdad, cada vez me cuesta más elegir un tema, pero no porque no se me ocurran, la verdad. De hecho, tengo una costumbre (bueno, hasta que he cambiado de móvil y no lo controlo bien) que consiste en apuntar en una nota (de aviso, de esas, de móvil), cualquier cosa que me produzca alguna sensación "pico", un minitemblor, una impresión sentimental o lúdica, o simplemente algo que me parezca una mamarrachada o estupidez... Algo que sea significativo y reseñable, en definitiva...

Recuerdo haber llegado a tener decenas de notas de esas y no saber de cuál de ellas ponerme a rajar...

Una que me gustababa mucho, de la que nunca escribí ni creo que lo haga ya, era la relacionada con una pareja de novios (hetero), que, en los asientos separados por el pasillo largo del interior del Damas Sevilla-Matalascañas, en la fila delantera a la mía, se dedicaban palabras dulcísimas y miradas fogosas de esas que uno quiere y aprecia que le atraviesen... Ella y él eran bien parecidos, de unos 25, de resaca de la noche anterior (roncos, medio ciegos, ...), sobre todo hipercómplices. Me encantó esa pareja; nunca la olvidaré: era como ver a dos aves volar por un cielo azul límpido absolutamente, sin rumbo definido, pero alegres de estar ahí, en ese vuelo en paralelo.

Otra que me molaba era la que me recordaba que, en una reunión de trabajo, alguien escuchó a un jefe de su empresa decir, textualmente, "Los hombres no lloramos". Eso me hizo y hace sentirme más mujer, menos hombre, más sensible y persona, en defiitiva, que era eso que ese jefe, creo, estaba soslayadamente ridiculizando.

Otra, la del patético trato que vi proporcionarle a una chica su (imagino) novio, mientras estaban en la cola de la farmacia de guardia de mi barrio, y se manifestaba en el desprecio con que él, mientras ella hablaba y hablaba sin parar, requiriendo la atención de él, mostraba su rechazo a la que, seguro, meses antes estaba varias veces más buena, pesaba 15 kilos menos y le ponía tan malo que le arruinó la vida dejándola preñada de un precioso ser que le vendría a joder su machista y asquerosa existencia.

Pero hoy me he bloqueado y sólo se me ha ocurrido escribir de la reinvención. WOOOOOOWWWW.

Para mí, en estos momentos de crisis, de extrema crudeza en lo social, de desequilibrios en y fuera de nuestra sociedad, de paro atroz, de insatisfacción, de desconfianza, de sensación de precipicio contínua, de realidad despiadada, no queda más remedio que reinventarse casi constantemente, ser dinámico, moldeable por uno mismo, adaptarse a los nuevos retos y pruebas que te pone la vida y, claro, por qué no, que ello nos permita un fiestón por todo lo alto cada vez que podamos dárnoslo.

La culpa de este pensamiento que tengo, pero que ahora tiene más viveza en mí, la tiene uno de esos minirreportajes de Rne5, que escucho tanto en el WC mientras hago mis necesidades fisiológicas (cago, meo, ...), me ducho, voy en el bus, que hablan de cualquier menudencia de la vida, la gente, la actualidad, qué se yo... de tó...

El otro día hablaron de un joven que, en vistas del escaso mercado laboral y de que si quería "salir del atolladero" montando algo, vendiendo algo, debía sólo ser algo nuevo, original, inexistente hasta el momento, ..., se le ocurrió crear la empresa de pelotas de golf Eco Golf Balls (http://ecogolfballs.com/_index.php), fabricante de pelotas de golf solubles en agua, incluso salda, y aptas para el consumo por parte de los peces en general...

El chaval le había hincado el diente al mercado americano, al de las cadenas hoteleras del Caribe, sudamericanas, del Pacífico, cadenas de grandes cruceros, empresas de ocio marino, ... Y estaba triunfando a escala muy, muy sensible.

Me quedé boquiabierto y me encantó conocer cómo las personas inteligentes (y en plenitud más o menos normal) de facultades, son capaces de sacar lo mejor de sí y dar el paso, arriesgado, imagino, pero ilusionante de hacer de sí mismos un especímen de MacGuiver y decir... ¡¡Aquí estoy yo!! ¿¿Qué pasa??

No es simple desparpajo, requiere esfuerzo, soporte de presión y riesgo... Pero, entiendo, así es la manera en que, creo, debemos enfrentarnos a la realidad que ahora nos rodea, en un mundo tan deshumanizado como el que nos ha tocado vivir.

Deseo (y en ello estoy) tener en mí esas cualidades y esa energía positiva que me permitan reinventarme cada día, cada temporada, en cada tropiezo, en cada juerga, en cada vivencia, para poder vivir la siguiente de manera más completa, más provechosa, saliendo las más posibles veces victorioso o, al menos, indemne.

Y así me den las horas que me dan, reinventándome a las 01:17 de la madrugada, con 36 años ultrarrecién cumplidos...

¡¡Qué fuerte!! 36 años...

2 mayorías de edad...

Uf...

En fin, Las Cosas...

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