El día a día aplastante me está impidiendo ser como verdaderamente yo sería.
Bueno, en general, digamos que soy bastante fiel a sí mismo, pero hay cosas que me estoy sintiendo cada vez más obligado a cambiar, de mí, de mi alrededor, de mi forma de percibir y tolerar el exterior…
El último palo verdaderamente fuerte para mis esquemas se ha producido hoy, por la zona de tráfico rodado del paseo del Marqués de Contadero, a la altura del precioso coso maestrante, dirección Plaza de Armas.
Por mi retrovisor, a eso de las 16:10, con un sol radiante de esos que encanta ver en Sevilla, vi un Megane, gris, con las luces antinieblas encendidas.
Gilipollas de mí que, en calidad de ciudadano “coleguita”, saqué mi brazo para hacerle el gestito que usan algunos famosotes para saludar a sus fans, pero que asemeja a la figura mental que tenemos de un farito radiando haces de fotones... ¿no?
Sumido en un asombro e indignación inusitadas, la gilipollas de la conductora, que era una perra (bueno, perdón, una tía), me puso el gesto ese que usó la Melanie Griffith (creo que se escribe así el nombre de la actual pareja de Antonio Banderas), cuando le acosaban los paparazzi en Marbella, con el dedito, mandándome al carajo.
La hija de su madre era una guarra tatuada, que fumaba y echaba las cenizas y posteriormente la colilla al asfalto, y que parecía que había pasado por una peluquería de un pueblo alavés, además de ostentar un perfil asqueante.
Me rebajé, cual águila que desciende para cazar un gorrión de mierda, y me puse en paralelo a ella, y le espeté las cosas más sucias que se me pasaron por la cabeza (léanse gilipollas, idiota, capulla, mamona, …), siendo la última información que le di el hecho de que llevaba las luces encendidas.
Estas son las cosas que me hacen desconfiar del ser humano, la desidia y la falta de educación, que, en este triste caso, se unen a la ilusión mental que esta jipi de mierda se construyó al ver lo que pensaría que era un tío intentando entrarle (¡en un coche!... Gilipollas).
En fin, desde este instante me propongo firmemente pasar absolutamente de advertir a nadie de este tipo de olvidos, evitando, así que saquen de su ser lo más asqueroso que una persona puede llevar dentro: el odio y la inquina.
Qué asco que me da la puta gente mal educada.
En fin, Las Cosas…
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