Muchas cosas son las que están verdaderamente detrás del estrado, aparte del acto visible de nuestras vidas, en las bambalinas que, en realidad, definen nuestras vidas.
Hoy se me ha caido otro mito de lo que espero de una persona: la empatía.
Aunque, ahora que lo pienso, mi tortuosa y ya (creo) pasada, etapa deprimida, psicológicamente insana, diagnosticadamente insoportable y erosionada, ya me abrió los ojos a este respecto, pudiendo ver con claridad y sin brumas, cual escultura de la Isla de Pascua, a los ojos, a la gente anti(em)pática.
El paso del tiempo me ha fortalecido y me da la perspectiva de observarles con pena.
Les compadezco.
No sólo en las carnicerías y charcuterías hay trozos de carne, carentes de sentimiento.
En la misma calle de mi kely. En mi curro. En mi círculo.
Sin presintonías sensibles, por ejemplo, a un amigo que te cuenta su problema.
Así, para qué quiere uno radio... Mejor un Tamagotchi.
En fin, Las Cosas...
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