Vistas de página en total

No había

Sí que recuerdo esas tardes en las que no había nada que planificar por delante. Ni nada planificado. No había que ir a recoger a los niños, ni recoger la ropa tendida. No había que repasar para el examen del lunes, ni recogerse pronto para ir a trabajar al día siguiente. No había comidas que evitar para no engordar, ni michelines que disimular. No había golpes de la vida. No había decepciones de tus amigos ni de tu familia. No había lastres en la mente. No había nada de eso. Sí había lo esencial que nos hacía sentir bien, y se multiplicaba más cuanto menos cosas llevábamos encima. El bañador sin anudar y la piel oliendo a agua marina. Recuerdo cómo volvía mi mirada hacia atrás a ver cómo las olas borraban mis pisadas de la arena. Las olas nos adelantaban, susurrando, de esa forma, lo efímero que esos momentos iban a ser. Y lo fueron, sí. No podría ponerles un principio ni un final, pero sé que ya no están. No es nostalgia, es paladar: el regusto de una buena cena en soledad te puede deleitar incluso disfrutando, horas después, de una preciosa compañía con un combinado perfecto en tus manos. No es lamentarse del después, es valorar el antes. Hice lo que tocaba hacer antes. Y que, encima, quise hacer. Hago lo que quiero hacer ahora, y me encanta hacerlo. Espero seguirlo pudiendo hacer. Pero el importantísimo hecho de haber estado allí, entonces, haciendo aquello, con quien lo hice, me permite poder volar allí, desde aquí, con mi mente. Lo triste sería no saber ni adónde volar por no tener noción alguna del destino del vuelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario